Total, son solo palomas

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Hace unos días salvé a una paloma, o quise creerlo así. Era uno de esos días de llovizna pertinaz en los que salgo en la bicicleta pensando que apenas me mojaré y llego empapado y con el pantalón sucio pues no tengo guardafango y me acompaña todo el día el fastidio de la inevitable ropa sucia. Aquí le dicen pombos, o ratones con alas,y son el equivalente de los gorriones en Cuba, le han perdido el miedo a las personas, caminan entre tus pies, o pueden lanzarse desde el aire y robarte un pedazo de sándwich si te descuidas.

Pues ahí estaba, en una zanja de la calle, mojada y arrastrándose a duras penas, pero con esa dignidad que supongo que tengan las palomas caidas cuando se saben reinas en el aire, donde mandan. Yo, a pesar de lo apurado que estaba y de lo que me mojaba, recordé a mi hermano y aquel palomar en el balcón de mi casa, donde tenía palomos pintos, moteados, blancos, y donde cada uno que cogía lo vendía a 50 pesos, para ir luego y comprar algo de viandas en el agro particular de la esquina, y recordé también las protestas de mi mamá por el reguero de plumas en la casa y por el tráfico de chícharos para alimentar a los bichos, como decía ella. Pensando en todo esto, la agarré y casi tuve que soltarla luego del primer picotazo, pero luego de acostumbrarme al dolor en las manos, logré ponerla arriba de una rama de un árbol relativamente bajo, pensando, que por lo menos, un potencial gato asesino pasaría su trabajo para agarrarla. Y me fui, que mi orientadora de la Tesis no entiende de palomas, ni de chícharos, ni de gatos.

Al regresar, por el mismo lugar, ya no estaba ahí. ¿Qué le pasó ? ¿Habrá sobrevivido a ese día lluvioso? Quiero creer que si, que logró volar y alimentarse, y vivir, simplemente vivir. Pero sé muy bien la respuesta, no country for old man, como tampoco hay ninguna oportunidad para una paloma en tierra con una pata rota.

Todos nosotros hemos sido palomas en tierra. Siempre habrá alguien que levantará al ave del suelo y la pondrá en una rama, a pesar de las manos sangradas por los picotazos, para luego seguir su camino con la satisfacción de la buena acción realizada y el perdón eterno de los cielos en que cree por ayudar a una criatura del dios en que cree, aun sabiendo que no importa en lo absoluto. Muchas veces pasarán, verán lo lindo del plumaje, los ojos rojísimos, se lamentarán por tanta belleza, tanto potencial de vuelo desperdiciado y seguirán su camino. Solo muy a ratos, sucede que aparece una niña que se aparta del paraguas de su madre, y la coge con sus manecitas y se la lleva a su casa a pesar de las protestas de todos. Y pregunta como se le cura la patica a su papá que tiene que improvisarle un vendaje, y luego le hace una cobija, y le trae pedacitos de pan del desayuno, o granitos de arroz de la comida. La paloma tratará de picar lo menos posible en estos casos, pero igual lo hará, porque eso hacen las palomas. Como mismo un buen día se irá y no regresará nunca más, porque eso también hacen las palomas, y la niña reirá por esa felicidad de saberse buena, porque eso hacen las niñas.

Pero eso solo sucede muy de vez en vez, porque la mayoría de las veces, a nadie le importará un carajo, y la paloma terminará muerta, aplastada por un auto, una mancha más en medio del asfalto a limpiar en la mañana, ya que, total, son solo palomas.

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