Yo te llamo cuando llegue, mamá.

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Este texto va del amor a mi madre, pero va del amor a las madres en general, a las futuras y potenciales, a las que conozco y las que no, a las que no estando, siempre estarán, porque gracias a ustedes, somos

-Llámame en cuanto llegues.
-Mamá, es Brasil, no voy para Playa, tengo que llegar a ver como es todo allá.
-No importa, usted busca un teléfono y me llama para saber como llegó. Dame un beso. Te quiero.

Y nunca me he podido explicar como pude haber pronunciado esas palabras.

Ella me cruzó cada calle hasta que un día me dejó ir solo a la escuela, con ese temor y esa confianza en la mirada. Me puso la pañoleta. Me llenó de libros y de canciones infantiles. Me revisó las tareas bajó un quinqué en un apagón. Desterró a mi padre al sofá cuando tenía fiebre y faltó días al trabajo. Me preparó panes con aceite y me dijo que eso no me hacía menos que el que los llevaba con jamón. Movilizó al barrio para los cumpleaños y a la familia para los juegos de fútbol y los concursos. Me malcrió a veces, pero también me sonó sus buenos pescozones. Me descubrió a Silvio y a los Van Van. Salió con una cazuela conmigo a hacer bulla en el barrio cuando ganó Industriales y brincó conmigo cuando las Morenas del Caribe vinieron de abajo para ganarle a las rusas y ser tricampeonas olímpicas. Le contó a todos orgullosa, que su hijo ya era ingeniero y que ahora estudiaba una Maestría en Brasil, en portugués y todo. Me esperó muchas veces en el sofá, aún diciéndole que amanecía en la calle, que quizás ni llegaba. Me sonrió siempre, ante cada nueva novia, inclusive cuando le dije que me iba a vivir lejos de casa. Me enseñó la responsabilidad por el trabajo y a asumir mis actos, cualquiera que estos fueran. Me enseñó a ser.

Mi mamá es la leche con café caliente al despertar. Es las canciones de Luis Miguel y los  “pa la calle to el mundo que voy a limpiar”. Es la avalancha de piel enamorada. Es el temperamento de tormenta risueña. Es la frase lapidaria pero bondadosa. Es la bruja moldeadora de mis emociones. Es unos ojos anchos y una risa amplia y en colores, como un arcoíris al revés. Es el cariño a todos, sin esquinas dudosas. Ella tiene la más grande capacidad de amar que conozco. Mi mamá dio a luz, porque ella es la luz.

 

Por eso hoy, después de descubrir que a Brasil había llegado ya la telefonía hacía un tiempo, que la veo unos días dolorosamente cortos al año, que me la imagino siempre con esos ojos chispeantes cuando habla conmigo y luego molesta después por las cosas que no me dijo en los escasos minutos que nos podemos permitir de vez en vez. Hoy le quiero decir, no porque no lo sepa, ni porque sea hoy, día de las Madres, el día señalado por alguien para decir cosas como esta, que si, que yo te (ll)amo cuando llegue, donde llegue, siempre, mi cajita de sueños.

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