Formas de regresar a casa…y de no.

SAMSUNG CSC

—E você, cubano, tem saudade de Cuba ? —me ha preguntado casi gritando una amiga, con la música estridente de fondo, en uno de esos encuentros de amigos  llenos de ruido y cervezas, tan a la carioca way.

He tenido que ponerme a meditar la respuesta, no por la caipirinha  que tenía en la mano, sino porque he necesitado sentirla adentro, y porque es la única manera que conozco de hablar de ciertas cosas.

Cuba son mis abuelos y bisabuelos, dos muy blancos y dos medio mulatos, descendientes de canarios unos, de  franceses otros,  devotos de la Virgen de la Caridad del Cobre todos.

Cuba es el sofrito y el potaje insuperable de mi mamá los domingos al mediodía y la natilla y el pudín de mi abuela. Y el no poder disfrutar nada de esto a placer, porque si te demoras mucho los primos te dan alante en la segunda vuelta.

Cuba es mi madre, con sus ojos soñadores de muchacha eterna. Y sus fotos ocre de los 70 donde aparece con su belleza de valkiria y pantalones campana, lista para partir al concierto de algún trovador desgarbado de voz finita.

Cuba es mi padre enseñándome a jugar pelota en un parque, sus lecciones de hombre rudo pero cariñoso, y la imagen de un tipo poniendo tablas  él solo para construir una barbacoa en un cuarto de Centro Habana donde pudiera vivir su familia.

Cuba es mi hermano y mis primos, mis cómplice de todo; y mis amigos, y la fiera terquedad con que seguimos unidos, donde quiera que estemos.

Cuba son mis primeros amores, y el vendedor de maní pregonando allá afuera en lo que yo amaba a alguien por un para siempre que resultó ser muy corto. Y las risas, y las manos, y los ojos de una muchacha linda, y los primeros “ay, coño, sí…” de orgasmos en medio de un cuarto de ventanas altas,con persianas de madera y calor asfixiante.

Cuba es Silvio y Pablo, y el Benny y Lecuona, y Compay, y María Teresa, y los Van Van y el Bola, que canta que ay amor, si te llevas la vida.

Cuba es La Habana del cielo azul más azul de todos los azules,  la luna cuarto menguante cuando aún es de tarde,  los árboles y los amigos que ya no están,  el trueno de las cinco de la tarde, las lagartijas en las orejas como aretes, el jugo de naranjas, los casquitos de guayaba con queso, las motocicletas con sidecar,  las auras tiñosas, los libros forrados, los despertadores de plástico, el baño en el primer aguacero de mayo, las ceibas y los flamboyanes, los tibores, los trompos y los papalotes, el bigote de todos los hombres de la familia, las camisetas blancas, los bancos de mármol en los parques, los caramelos de colores, los libros de aventuras usados, los gritos de: quieto, quieto ! viendo una jugada apretada en la pelota con tu abuelo, los erizos de la costa, los cucuruchos de maní y los merenguitos, los adoquines, el canto de un gallo que los domingos despertaba a todos, las lámparas de luz fría y los quinqués, el sabor de un mango estallando en la boca, y el mar.

De esa Cuba não tenho saudade. Porque a esa Cuba la llevo dentro. Esa Cuba soy yo.

Pero hay otra Cuba, totalmente diferente. Una Cuba que se va adentrando en la barbarie y que se está traicionando a si misma. Traiciona a otra Cuba posible y aún alcanzable, una que soñaron gente luminosa y valerosa, donde el hombre fuera hombre por sobre raza, credo, estatus social, de salud y educación para todos, y que brindara lo poco que se tuviera para ayudar a otros hombres del mundo. Pero sobre todo, que promoviera el bienestar y las libertades de todos los cubanos.

Una Cuba enceguecida de tanto miedo, que defendiendo a ultranza a una soberanía que sin dudas merece ser defendida, ladra y muerde al que se le acerca, sin valorar sus intenciones. Una Cuba que ha decidido ponerle el prefijo “ex”, a cubanos que decidan pisar otras tierras o abrazar una ideología diferente. Una Cuba necia, que enseña a sus periodistas que se debe ser siempre fiel a la verdad, pero que es capaz de encarcelarlos cuando alguno de ellos, jóvenes comprometidos con su gente, osa refutar alguna de las máscaras que esta Cuba presenta al mundo.

Una Cuba en la que no puedes vivir con lo que ganas. No para comprarte las grandes cosas, los lujos, las joyas, los viajes, los autos del año, o la casa modernísima. Es poder ilusionarte con algo tan ínfimo como el último libro de tu escritor preferido,  el próximo concierto del grupo que más te gusta o el vestido que viste expuesto en una vidriera sin que la sombra de la necesidad te nuble el momento, y sin que para ello haga falta algo más que tu trabajo.

Una Cuba a la que regreso una vez al año luego de mucho estudiar, cargado de ilusiones y sueños, y que me rompe la vida al ser recibido por la visión de mi vecino, un mulato descendiente de mambises,  fidelista, revolucionario, y leal como las palmas reales, pero que para sobrevivir con algo más de la irrisoria pensión que le asignan, tiene que vender jabitas de naylon en la calle, luego de una vida de sacrificio, y uno le ve la tristeza en los ojos de quien ve ese mismo futuro para sus hijos, y para los hijos de sus hijos.

Asim que não, amiga minha. Não tenho saudade de esa Cuba Saturna que de a poco devora a sus hijos, o los ahoga hasta obligarlos a marcharse, y que se va devorando a sí misma.

No, no y no.

Anuncios