¿Para qué sirve mi hermano?

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Sirve para verlo, cada vez que cierro los ojos, muy serio y con sus ojos grandes llorosos, cuando todos coincidíamos muy formales, en lo sucio que estaba cuando nos lo encontramos en la basura, llenito de pies a cabeza de espaguetis.

Sirve para recordar, como si hubiese sido ayer, el día que me llené el dedo gordo de espinas de erizos porque se le antojó jugar de manos en la costa, precisamente aquel día, con ese  tremendo oleaje.

Sirve para no haber tenido pulovers, ni jeans, ni zapatos propios, y para verlo ahí, sintiéndose heredero de mis tenis, sabiendo que  yo nunca cabría en los suyos.

Sirve para verlo allá arriba, sonriendo en los hombros de mi papá en los conciertos, mientras que yo me resignaba a caminar por los siglos de los siglos.

Sirve para verlo llegar a la casa, con cara de fastidio, porque otra  maestra comentó que si “cuando tu hermano fue mi alumno esto o cuando tu hermano fue mi alumno lo otro”.

Sirve para azuzar al viejo en la bicicleta a que cogiera a aquel que va allá adelante, y “dale, que tu puedes, que hoy mamá hizo un desayuno reforzado”.

Sirve para que te cuente chistes tan re-pesaísimos y absurdos que al final acabamos los dos rodando por el piso de la risa por lo bien que él los cuenta.

Sirve para hacerme de taxista gratis a los confines de la Habana, batear a la zurda mejor que yo y dejarme salir adelante en las carreras de natación, para luego ganarme sin mayores contratiempos.

Sirve para cagarme en la perra genética, por como me gana en el pulso sin haber hecho nunca ejercicios, o por como presume de lo bonito que es, de lo superior que es su pelo al mío, o de como lo miran las titis del barrio.

Sirve para ir juntos al Latino y gritar alto por los Industriales y para mandarnos mensajes  burlándonos cada vez que Cristiano Ronaldo o Messi le meten un gol al otro.

Sirve para resolver todos los problemas casero-tecnológicos que me dan tanta pereza y que si el está cerca no parecen problemas, como aquella ducha rota que arregló en lo que yo googleaba “como reparar una ducha”.

Sirve como actualizador de todos los temas nuevos de la timba y el reguetón, de los cortes de pelo y de que como se usan los jeans en la Habana.

Sirve para vender unos zapatos a cualquiera en la calle en 10 minutos, después de yo lo intentara sin éxito por 2 horas.

Sirve para estar mil días separados y respirar aliviados el día que por fin compartimos par de cervezas en lo que la brisa marina nos refresca la cara.

Sirve para ver lo muchísimo que nos parecemos más allá de las mil diferencias que ven todos.

Sirve para ver como se miran papá y él sin que ninguno de los dos se de cuenta de cómo lo mira el otro, ni de como los miro yo.

Sirve para cantar juntos esta canción en el carro, por todo el malecón habanero.

Pero sobre todo sirve para decirle que lo extraño, hoy, un día cualquiera que no es su cumpleaños ni nada, para decirle también que lo quiero mucho y necesito que lo sepa, hermanito de los espaguetis.

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